LA CASADA INFIEL

Tiempo de lectura: 16 minutos
LA CASADA INFIEL

Vamos a seguir con una mujer que me llegó a enamorar de una manera especial. Hoy por hoy no diré si sigo enamorado de ella o si ya pasó ese estado.

Desde que tenía 19 años he estado en redes sociales: Messenger, irc, terra, mirc, Yahoo, Facebook, Twitter, y alguna más. He hablado en estos 20 años con cientos de mujeres de todo el planeta (siempre en español) y hay algunas que me han marcado más que otras, y algunas de las cuales ya ni recuerdo su nombre.

Pero ella fue una de mis especiales. Una de mis niñas. Una de esas que esperas que a despegar los ojos para poderle dar los buenos días y las buenas noches… pero… ¡¡cruel destino!! Estaba con pareja.

En una de esas redes sociales de las que nombré tenía la costumbre de mantener el distanciamiento con la gente, pues la utilizaba a nivel laboral. Una cosa son las cosas de trabajo y otras las cosas personales.

Ella me abrió la conversación con un simple: “¿Hola, que tal?”. No sé qué me impulsó a contestar en ese momento, tampoco sé porque no actué de la misma manera que con el resto. Solo sé que comencé a hablar con ella y seguir una conversación que no estaba dentro de mis planes. Esa conversación la tengo grabada a fuego en mi mente. Durante 2 días hable con una desconocida sin importarme el cuerpo que tuviese, si era rubia, morena, modelo o talla xxx. Me daba exactamente igual. En 48 horas hablamos como unas 12 horas.

En el segundo día incluso tuvimos cibersexo, ella me dejo claro que tenía pareja… pero… yo no soy celoso, jajaja.

El sexo con ella era realmente excitante pues no era de las que solo leen, escuchan o se dejan hacer, ella era activa y eso me encantaba. Tenía fantasías sexuales bastante calientes y además había un morbo añadido: el morbo de saber que tenía pareja era bestial. Y saber que además le era activamente infiel a su pareja me excitaba mucho más.

Perdonad, no os la he descrito: un precioso pelo moreno largo, unos ojos grandes y seductores, una boca con unos labios preciosos (que ella juguetona se mordía y eso me volvía loco), alta con una preciosas piernas bien torneadas y un precioso cuerpo, pero con una baja estima pues siempre ha recalcado que “es del montón”.

En nuestras conversaciones hablábamos de todo y era lo que más me gustaba de ella, pues tenía capacidad para hablar de cualquier cosa y no solo de sexo, para mí nunca fue tan solo una “folla-amiga” con las que quitar las penas sexuales.

Llegué a enamorarme de ella por una razón que jamás comprendió: Su forma de ser. Si, tan simple como eso, nada de enamorarme de su cuerpo, sino de su inteligencia, de su forma de pensar, de actuar, de adivinar. Pero lo peor de todo es que llegó a romper una coraza que yo tenía puesta en mi corazón. No sé en qué momento bajé mis defensas, no sé cuándo sucedió todo. Tan solo sé que un día me di cuenta que me estaba enamorando de ella. Pero no se lo dije, me calle, y durante días trataba de controlar (inútilmente) las conversaciones que tenía con ella.

En nuestras conversaciones sexuales nos contábamos muchas cosas, nuestras fantasías, la forma en que podríamos hacerlo si nos viésemos, incluso alguna más fuerte que no nombraré, pero también me contó alguna de sus infidelidades reales que tuvo. Me contaba como se lo hacía con otros y a mí me excitaba. Recordemos que no era mi pareja, sino la de otro, pero me daba morbo. Incluso alguna vez se llegó a masturbar mientras su pareja estaba en casa.

Un día hicimos una video-conferencia y me propuse el reto de hacer que se masturbase, aunque fracasé sí que conseguí que se te tocase un poco para mí. La vista era espectacular. No podía dejar de mirar la pantalla. Termine terriblemente excitado y masturbándome en 2 ocasiones mientras la escribía.

Ella siempre me decía en mitad de las conversaciones, totalmente excitados, que la dijese que la deseaba más que a ninguna mujer, que me gustaba más que el resto, que solo la desease a ella, y que ninguna otra mujer me ponía más caliente que ella. Pero lo que ella nunca supo es que cuando yo se lo decía era totalmente cierto.

Durante las navidades de ese año, ella se follo a un amigo en su casa y luego me lo contó. Terminamos disfrutando los dos de una buena sesión de cibersexo. Era muy morbosa, caliente y además era una belleza.

Nuestra fantasía más recurrente que teníamos cuando lo hacíamos “virtualmente” era que ella llegaba a mi casa con un abrigo largo. Entraba y me besaba caliente, despacio y muy sensual. Yo cerraba la puerta, me ponía detrás de ella, la desabrochaba el abrigo y se lo quitaba, debajo solo tenía un sujetador de encaje negro, un tanga negro, medias y zapatos de tacón alto. La daba la vuelta y la ponía sobre la mesa de la sala bien abiertas de piernas.

Mientras le comía el coño, le acariciaba esas preciosas tetas con los pezones duros, hasta que sentía como se venía en mi boca. Es algo que me encanta hacer, conseguir que una mujer se corra en mi boca y limpiárselo con la lengua. Cuando se corre, la hago ponerse de rodillas y se la meto en la boca:

Yo: “trágatela toda, quiero ver como desaparece mi polla en tu boca”

Ella: “¿Cómo quieres que lo haga tu putita?” (Mmmm, me encantaba que fuese mi putita)

Yo: “Hazlo despacio, como tú sabes, hazme la mejor mamada que haya hecho nunca”

A ella le gustaba darle un buen par de lengüetazos para después ir metiéndosela poco a poco, pero además masturbar mientas lo hacía.

Yo: Mmmm si sigue así, eres única haciendo unas buenas mamadas.

Ella: Haré lo que tú me pidas, mientras no me hagas daño, seré tuya.

Yo: Sabes que nunca te haría daño

Después de un rato de estar viendo como se la tragaba, decidí que era hora de pasar a la acción. La levanté, la di la vuelta e hice que se apoyase en la mesa. Me acerque a ella y mientras le susurraba al oído lo mucho que me ponía se la clave en su coño húmedo y mojado que tanto me ponía.

Ella: Mmmm siiiii, clávamela fuerte por favor.

Yo: Te gusta que te fuerte, verdad putita.

Ella: Siii, por favor no pares. Te deseaba dentro de mí. Fóllame fuerte.

A estas alturas su coño era una laguna de su néctar más preciado mientras mi polla entraba y salía con fuerza del mismo. En ocasiones se la sacaba del todo y tan solo le metía la cabecita y la sacaba, viendo como ella echaba el culo hacía atrás buscando mi polla con ansías, pero yo la tenía bien sujeta por la cintura y no dejaba que avanzase.

Ella: Acaríciame el clítoris, que sabes que eso me pone, cabrón.

Mis dedos surcaban su cuerpo en busca de ese preciado botón que hacía que sacase la putita que llevaba dentro. Poco a poco llegué a su coño encharcado y tras mojar los dedos en sus jugos, me dedique a jugar con su clítoris tocándolo con suavidad, casi rozándolo con las yemas de mis dedos, pero de pronto sentí sus dedos como cogían mi mano y se frotaba con fuerza castigando su coño y buscando el placer. En ese momento supe que sería totalmente mía y que podría decirle y hacerle lo que quisiera (dentro de los límites establecidos).

Yo: ¿Quieres que te folle con fuerza? ¿Quieres que te destroce ese coñito, putita?

Ella: Si, por favor. Tu sabes lo que me gusta, no te cortes y dame lo que necesito.

Yo: Pues dime lo que necesitas, se una niña buena y dímelo.

Ella: Necesito que me folles, que hagas que me corra contigo, que me lo hagas como nadie me lo ha hecho.

Yo: Mmmmm, así me gusta putita.

Apreté con todas mis fuerzas, hasta notar como mis huevos chocaban con su coño y golpeaba la pared de su útero. Notando como cada vez que la tenía dentro ella gemía con una mayor fuerza, hasta que no pudo más y se explotó en un maravilloso orgasmo, que hizo que le temblaran las piernas. Se la saqué y la tumbé en la mesa, con las piernas abiertas para comerle ese coñito mojado, abierto y muy sensible, tanto que en cuanto pase la lengua por sus labios ella se resistía.

Me suplicaba que la dejase descansar, pero haciendo caso omiso, le pase la lengua por los labios abriéndoselos con la punta de la lengua y recorriéndolo por completo, bebiéndome su néctar. Ella empezó a disfrutar de ese pequeño suplicio y empezó a mover sus caderas buscando que mi lengua se adentrase en su agujero y que la follase con ella. Al mirar hacia su cara, descubrí que sus pezones marrones estaban bien duros y tiesos en esos maravillosos pechos que tanto me gustaban. Conseguí que se corriera por segunda vez en mi boca, soltando un chorro impresionante que no dudé en tragarme.

Una vez que nos relajamos los dos y repusimos fuerzas con una buena comida, además de lo que cada uno ya nos habíamos comido, volvimos al ataque pero en esa ocasión en la cama directamente.

Ella se puso a cuatro patas en la cama, me miro y me dijo:

Ella: Soy tuya, no pares hasta que no puedas más. No cedas a mis súplicas, te mereces que me entregue a ti y te dé mi cuerpo.

Yo: No me digas eso o harás que me enamore perdidamente de ti.

Ese cuerpo esplendido, en esa postura tan excitante y directa, pidiendo que le dé el placer que me pide y haciendo que tenga un orgasmo tras otro. Me puse detrás de ella y empecé a tocarle el coño, el cual ya lo tenía nuevamente húmedo y receptivo. El tacto de esa piel tan suave consiguió que mi polla se endureciese al máximo y que mi segundo cerebro pensase por mí.

La penetré con suavidad, me fui moviendo lentamente hacia delante, haciendo que ella sintiese cada milímetro de mi polla mientras su placer iba aumentando progresivamente. Cuando tenía media polla metida, me acerque a su oído y la susurré que la deseaba día tras día y cuando ella me iba a contestar, terminé de meterla entera de un solo golpe, consiguiendo que de su boca no saliese ninguna palabra pero si un sonoro y excitante gemido. Noté como su cuerpo se estremecía mientras con sus manos arrugaba las sábanas que tenía cogidas entre sus dedos.

Me quedé quieto en lo más profundo de su ser notando como su coño palpitaba y se amoldaba a mi polla. Cuando noté su respiración normalizada, empecé a moverme dentro de ella lentamente. Mi polla entraba y salía poco a poco y mis manos recorrían cada milímetro de su piel, notando como se erizaba al paso de mis yemas.

Fui aumentando la velocidad y la fuerza con la que penetraba esa laguna en la que se había convertido su coño. Se empezaba a escuchar ese chapoteo que a todos nos excitar oír mientras sus gemidos empezaban a ser cada vez más seguidos e intensos.

Notando como las paredes de su coño se empezaban a contraer, mis embestidas eran más rápidas y fuertes consiguiendo que nuevamente tuviese un orgasmo, momento en que aproveche lo mojada que tenía la polla para acercarla a su culito. Ella notó mis claras intenciones de terminar por penetrarla por todos sus agujeros, pero lejos de rechazarlo, me miró, me sonrió y movió su culito traviesamente buscando ella misma penetrarse.

Acerque mi polla despacio, la puse en su culito y poco a poco se fue abriendo, sin forzar, lentamente, hasta que entro la cabeza. Ella quería seguir metiéndosela, pero la pare, deje que se acostumbrase y empecé a meterme dentro un poco dentro, un poco fuera, pero sin sacarla en ningún momento. En cada empuje la metía un poco más, pero no tenía ninguna prisa por acabar.

De repente, cuando tenía ya más de media polla metida noté como sus paredes se contraían, se estaba metiendo tres dedos en su coño para notar mi polla a través de la fina pared que los separa, eso hizo que me endureciese aún más. Ella abrió los dedos haciendo que prácticamente los notase en toda mi polla y que el roce fuese aún mayor en cada embestida. Se la clavé entera en su culo y comencé a follárselo, no con tanta fuerza como su coño pues no quería lastimarla, pero si con una constancia que hizo que ella hiciese lo mismo con sus dedos. Nos sincronizamos de tal manera que cuando ella entraba, yo salía y viceversa, consiguiendo que mi excitación fuese tan grande que no pude evitar llegar rápidamente al orgasmo.

Ella que lo noto me pidió que le echase toda la corrida en su coño, que la llenase de mi leche, para lo cual, se la saqué y la di la vuelta para ver la cara de placer que ponía mientras, tras una breve follada de su coño, mi polla comenzó a escupir chorros de semen lo más adentro de su coño al mismo tiempo que ella, excitada y gimiendo tuvo su orgasmo clavándome las uñas en la espalda.

Al terminar, sus ojos reflejaban la felicidad de conseguir lo que se había propuesto, conseguir que la llenase de mi semen en sus días más fértiles.

Ella se levantó, se dio una ducha y vistiéndose se fue de casa… no sin antes dejar un recuerdo de nuestra aventura.

Como ya os dije, esta era una de nuestras fantasías más recurrente de esta casada que me consta que es infiel.

Luego ella decidió que dejáramos de hablar, mi enamoramiento por ella nunca cesó y aunque sé que después de la boda es imposible, ella ha pasado a ser un “amor platónico”.

Dicen que lo último que se pierde es la esperanza…

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