PECANDO EN SEMANA SANTA

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SAGA MyA

Pecando en semana santa, no se le podía ocurrir otra cosa a un ser tan maléfico. Aquí no se trata de ver la fe de cada uno, ni tan siquiera de valorar las creencias. Llegaban unos días de descanso y este año con una visita inesperada que podía alegrar la vida de una persona. Ella sabía y sabe que estoy casado en una relación abierta, pero además cuenta con el beneplácito de mi mujer para pasar esos días conmigo. Aunque si que había unas normas a cumplir: Nada de celos, mandarla fotos y videos, nada de dejar insatisfecha a la persona y sobre todo disfrutar del tiempo que se pase juntos.

Esa mujer tenía unas órdenes para poder visitarme y lógicamente, como buen Dom que soy, habría una serie de castigos que aplicar si se le ocurría romper esas órdenes. Aunque esa visita no fuese de BDSM, o sea para sesionar, ambos tenemos los roles muy marcados y ambos habíamos aceptado que esas órdenes se llevasen a cabo. Además, eran unas órdenes fáciles de cumplir y que no ponían en evidencia a esa mujer.

Seguramente te estés preguntando que órdenes podría recibir en plan vainilla, unas que fuesen sencillas, excitantes, pero que a su vez tuviesen un poquito de riesgo. Las más básicas eran que no podía venir maquillada ni con coleta, debía traer la melena suelta. Tendría que venir con un vestido veraniego, que fuese suelto y no apretado, y acompañado con unos zapatos a su elección, aprovechando las buenas temperaturas que se acercaban. Y ahora lo más morboso: Unas medias, nada de pantis, un liguero, nada de sujetador y nada de bragas o tanga. Y ahora la pregunta más interesante ¿Cuál sería ese castigo pactado? 100 azotes por cada falta, que si incumpliese todo podría acarrear 700 azotes a aplicar en las horas que estuviese, y esos azotes podrían darse con la mano, fusta, cinturón y por todo su cuerpo.

Cuando llegó la fecha y ella salió de su casa, venía con nervios como es natural, pero al mismo tiempo venía muy feliz por poder dar ese paso. La quedaba un largo viaje de unas cuantas horas de distancia, unas nueve horas de distancia, que con las paradas se podían convertir en 10 u 11 horas. Salía de su casa el jueves y volvería a su casa el Domingo. Ella venía hablando conmigo durante el viaje para que se le hiciese más ameno, y esto era posible porque ella tiene un navegador integrado que le podía dar la ruta de viaje mientras conducía. Cuanto más se acercaba a mi ciudad, más nerviosos estábamos los dos, algo que era normal.

Ya llegó a mi ciudad, y gracias a que vivo en una zona apartada de la ciudad, no suele haber muchos problemas de aparcamiento, así que aparcó casi en la misma puerta de casa. Al bajarse del coche, ya pude alegrarme porque sabía que habría castigo de por medio, pues la primera señal era una preciosa coleta que traía. Si que pude apreciar que venia con un vestido de estilo veraniego, y también pude apreciar que venía con medias o pantis, aún quedaba por dilucidar. Nos dimos los dos besos de rigor en la calle y pasamos al interior de la casa.

Al entrar en casa, lo primero que hice fue ir directos a la habitación para que dejase la maleta y en cuanto la posó en la silla, la puse de cara a la pared. La quité la goma del pelo para soltar esa melena, comprobé que no tenía ni gota de maquillaje y procedí a bajar mis manos por su cuerpo. Hice que abriese sus piernas para poder tener facilidad de acceso a todas partes de su cuerpo. Bajé ambas manos por sus hombros por la parte delantera de su cuerpo, llegando a su pecho y comprobando que había desobedecido otra orden, pues sus pechos talla 100 venían envueltos en un sujetador de encaje. Ya eran 200 los azotes que se había buscado, por dos faltas. Seguí bajando mis manos y al llegar a la cintura pude notar el liguero y, afortunadamente, noté como las tiras estaban tensas, lo cual me indicaba que venía con medias y no con pantis. Ya solo me quedaba comprobar una cosa, si venía con su coño al aire o si también había desobedecía esa orden. La puse la mano en el cuello, que sabía que eso la excitaba, al tiempo que mi otra mano se introducía por debajo del vestido y subía lentamente por sus muslos. Al acercarme a su coño, noté como ella estaba gimiendo y cuando mis dedos hicieron contacto con ese tesoro, no solo comprobé que estaba libre, sino que además estaba mojada. En total solo serían 200 azotes que es dos días eran fáciles de aplicar, iban a ser unos días muy divertidos los que se vendrían por delante.

Puesta como estaba procedí a bajarle la cremallera al vestido y tras desplazar las tiras de los hombros a los lados, este cayó al suelo, dejando a la vista un precioso cuerpo desnudo. La quité el sujetador para liberar esas enormes ubres y comprobar que su excitación la traicionaba, sus pezones estaban completamente erectos. Me acerqué a ella y me puse a besarla en el cuello, al mismo tiempo que jugaba con esas ubres y sus duros pezones. Ella comenzaba a gemir y sabiendo como la conocía, hice que tuviese su primer orgasmo con tan solo seis palabras: cinco, cuatro, tres, dos, uno, córrete. No pudo evitarlo, se corrió de forma escandalosa, y si no llega a ser porque estaba en su espalda se hubiese caído, ya que sus piernas se doblaron.

La llevé a la cama y cuando descansó del orgasmo, la tumbé boca abajo y me dispuse a propinarle los primeros azotes. Comencé por darle 10 azotes en cada nalga, de forma alternativa en cada nalga, comenzando por darle suave e incrementando la presión cada dos azotes en su respectiva nalga. Luego la di la vuelta y procedí a azotarla en sus ubres, pero tan solo 5 azotes por ubre, que ella se encargaba de contar y por último 10 azotes en su coño húmedo y chorreante. En unos minutos ha había recibido el 20% de los azotes correspondientes y además los había disfrutado tanto que, en el último azote en su coño, soltó un tremendo squirt. Menos mal que había sido previsor y ya tenía en la cama una toalla para prevenir los charcos, jejeje.

La tapé con una manta y la deje descansar, mientras yo fui a preparar la comida pues ya se nos había echado encima la hora. Un buen plato de sopa casera y una tortilla de patata casera. Cuando lo tuve todo preparado, la desperté para comer. Fuimos a la sala a comer y disfrutamos de esa comida caliente. Ella tenía un brillo en sus ojos y una sonrisa en sus labios, señal de que había disfrutado lo que tantas veces le había dicho que la haría y que ansiaba probar en sus carnes. Tras comer, recoger todo y fregar, puse una película y nos recostamos en la chaise lounge tapados por una manta.

A media película ella se puso juguetona y comenzó a jugar con mi rabo, así que antes de que fuese a más, yo preparé el aro del móvil para poder grabar el primer video. Ella se puso en posición y comenzó a hacerme una buena mamada, mirando fijamente al móvil y hablándole a mi mujer, siguiendo sus instrucciones:

Mujer: Mira cornudita, que dura la tiene tu marido.

M: Como me gusta tenerla así en mi boca, sabiendo que tu estás trabajando y yo disfrutando de tu marido.

M: A mi también me entra entera hasta la garganta, menudo pollón.

Me estaba haciendo una mamada increíble y sin dejar de mirar a la cámara, algo que hizo que, tras unos veinte minutos, no pudiese eludir mi corrida. Cuando ella notó que me iba a correr, se la sacó de la boca y la apoyó en su cara para que me corriese sobre ella y después se relamió la leche que le cayó más cerca de la boca. Corté el video y se lo mandé a mi mujer quien, al verlo en el trabajo, nos mandó un mensaje diciendo que le encantaba ver como disfrutábamos y que le gustaba ser la cornuda que deja a su marido con otras mujeres.

Esa mujer no había dejado de lamer mi polla y cuando vimos el mensaje de mi mujer, yo me senté en el sofá, y ella se puso encima de frente a la cámara para penetrarse y comenzar una buena follada. Con el Zoom íbamos enfocando su coño bien abierto y lleno de mi polla.

M: Ahora si que eres una cornuda por completo. No veas que polla más dura se le ha puesto conmigo, zorra.

M: Ahhhh, sí, voy a dejar que me llene de leche. Lástima que no estés aquí para limpiarme con tu lengua.

Yo: Sí, que ganas tengo de preñarte, puta. Te voy a dejar bien rellena, como a ti te gusta. Me corro, Puta.

M: Si dame la leche que no le das a la cornuda, llename de tu leche. Siiii, yo también me corro.

Ella se corrió con un squirt muy fuerte, dejando el suelo con un charco de sus jugos. Inmediatamente ella se arrodilló en el suelo para lamer cada gota de sus jugos. Había salido su parte sumisa y no pudo evitar ese gesto. Nuevamente corté el video y se lo envié a mi mujer, la cual tuvo que ir al baño del trabajo a masturbarse. No tardó ni un minuto en correrse y es que entre los dos videos estaba con la excitación al máximo y ya no podía reprimirse. Yo cogí a esa mujer la puse sobre mis rodillas y volví a azotarla, esta vez 15 azotes por nalga y 10 más en su coño. Primero la azoté las nalgas y luego la hice contar los azotes y agradecerlo.

M: 10, gracias Señor.

M: 9, gracias Señor.

M: 8, gracias Señor.

M: 7, gracias Señor.

M: 6, gracias Señor.

M: 5, gracias Señor.

M: 4, gracias Señor.

M: 3, gracias Señor.

M: 2, gracias Señor.

M: 1, gracias Señor.

Yo: Córrete, puta.

Nuevamente se corrió, aunque en esta ocasión no hubo squirt, pero sí que fue potente, pues la dejó las piernas temblando. La coloqué en el sofá y la tapé para que no cogiese frio, abrazada a mí, los dos desnudos, sintiendo el calor del otro. Hacía apenas unas tres horas que había llegado a mi casa y ya le había dado el 40% de los azotes y había tengo 4 orgasmos.

El resto de la tarde estuvimos viviendo una situación normal, nada trascendente. Disfrutando de una buena merienda, paseando un rato por la ciudad, y manteniendo una conversación normal. Cuando volvimos a casa, para la hora de cenar, pedimos comida a domicilio, un poco de sushi y esperamos que nos la trajese. Cuando nos trajeron la cena, hice que ella se desnudase y se tumbase sobre una esterilla. Yo coloqué cada rollito a lo largo de su cuerpo y fui a por la fusta. Ella al verme venir con la fusta en la mano, se le puso una sonrisa pícara en sus labios, ya imaginaba lo que se le podía venir, porque lo había leído en mi libro.

Yo: te voy a dar unos fustazos, solo serán 20, pero repartidos por todo el cuerpo. Hay 20 rollitos en tu cuerpo, por cada uno que se caiga, te castigará con 5 azotes más. ¿Aceptas?

M: Si señor, acepto.

Comencé por darle 2 fustazos en las plantas de sus pies, los cuales aguantó de una manera impecable. Los siguientes 8 fueron en sus ubres, de forma alternativa y siguió sin moverse ni un milímetro. Los siguientes 4 fueron parar al interior de sus muslos, ahí fueron más dolorosos y se le cayeron un par de rollitos. Los últimos 6 fueron en su coño, los cuales se los hice contar y al llegar al último se corrió de forma intensa, pero manteniendo la compostura. Tal y como estaba, la puse un cojín bajo su cabeza y aprovechamos para comer directamente de su cuerpo. Una vez que nos comimos el sushi, nos sentamos a la mesa y comimos del resto del pedido que habíamos hecho. Cuando terminamos de comer la ordené ponerse a cuatro patas sobre la esterilla y la azoté con la fusta, otros 15 azotes en cada nalga y 10 en su coño, haciendo que se corriese de nuevo.

Sin que se moviese de esa postura, me puse tras ella y comencé a follarla sin compasión. Su coño chorreaba sus jugos y nada más meterla se había corrido, lo que hizo que se lubricase más. Había entrado en una espiral de orgasmos, encadenando uno tras otro, y yo no paraba de follármela, hasta que tuvo que suplicar que la diese un respiro. Ella me comentó que había llegado a contar 15 orgasmos y que perdió la cuenta, pero que de verdad no podía más, que necesitaba descansar. Tras eso nos fuimos a la ducha para darnos una ducha y poder ir a dormir limpitos. En la ducha aproveché para aplicarla una buena lluvia dorada, algo que me había dicho que quería probar y que me dijo que quería repetir más veces. Nos duchamos y nos fuimos a la cama a dormir.

Pudimos dormir toda la noche casi del tirón, y digo casi porque a media noche me desperté y comencé a acariciar su coño y cuando lo noté mojado, comencé a metérsela con suavidad, pero hasta llegar al fondo. Poco a poco fue incrementando la velocidad, hasta el punto en que ella se despertó siendo follada y cuando fue consciente, se corrió como una perra en celo. Yo no paré de follarla, pero ahora además estaba masturbándola al mismo tiempo, lo que provocó que tuviese un orgasmo más intenso aún. Tras ese momento, se giró, se apoyó en mi pecho y se quedo dormida en segundos.

Al amanecer ella me despertó haciéndome una mamada. Cuando fui consciente la tenía durísima en el interior de su boca, ella no me miraba, así que la pillé de sorpresa cuando la cogí del pelo y comencé a follarme su boca. Durante unos minutos así, decidí que era hora de que me cabalgase de nuevo, algo que ella no perdió el tiempo en acatar mi orden. Estuvo follándome hasta que ambos tuvimos nuestro correspondiente orgasmo, bueno ella más que yo. Nos levantamos para desayunar y al coger el móvil vi que tenía varios mensajes y un par de vídeos de mi mujer.

MM: Sois unos cabrones. No sabéis como me habéis puesto con los vídeos. Veo que por fin has llevado a cabo el término de pareja abierta y que me has hecho una cornuda. No sabes como me alegro de que te hayas decidido, y veo que M es capaz de dejarte bien satisfecho.

MM: He vuelto a ver los vídeos y me he tenido que masturbar de nuevo. Ya no sé cuantos orgasmos llevo, pero es que estoy cachondísima.

Cuando vimos los vídeos, ella se estaba masturbando en uno con sus dedos y en el otro con el satisfyer. En ambos vídeos se corría de una manera muy intensa. Ver esos videos mientras desayunábamos no había sido una buena idea, porque ambos estábamos muy excitados, yo por ver a mi mujer así, y la mujer por ver lo que había provocado follando con su marido. Una vez que terminamos de desayunar, nos fuimos a hacer diabluras en un Viernes Santo.

Yo sabia lo que la provocaba a ella el hecho de que yo hiciese pequeñas cuenta atrás, sí, eso de contar: cinco, cuatro, tres, dos, uno y darla la orden de que se corriese. Así que en unas ocasiones se lo hacía mientras la penetraba con mis dedos, otras solo acariciando su clítoris, otras azotándola el coño o incluso mientras me la follaba. El hecho de tener a una mujer multiorgásmica en la cama es una delicia, pero solo si sabes como explotar esa característica. Además, en unos momentos la torturaba contando y haciendo que tuviese su orgasmo y seguir contando de nuevo sin darla tiempo a recuperar. Cuando ya la veía agotada, la daba el tiempo suficiente para recuperarse y poder continuar. Durante toda la mañana estuvimos en la cama disfrutando de momentos así, descansado y charlando de todo lo acontecido. Si, sé que te lo estás preguntando, efectivamente grabamos más videos que me le pasamos a mi mujer, la cual nos enviaba sus videos masturbándose. Ella lo estaba disfrutando, a su manera, tanto como nosotros.

¿Qué pasó con la tarde, sábado y el Domingo hasta que volvió a su casa? Que seguimos disfrutando del sexo de la misma manera. Que tuvimos esos momentos mágicos de un placer prohibido en la sociedad. Yo me quedé completamente satisfecho y agradeciendo a mi mujer que me diese el empujón que necesitaba. Que esa mujer recibió el total de azotes merecidos, que quedó tan contenta por el placer obtenido que habló con mi mujer para pedir la posibilidad de repetir. Que mi mujer quedó satisfecha por ver que yo disfrutaba de la vida y que había disfrutado del sexo prohibido, pero todo consensuado. Que ella también obtuvo su propio placer.

Este relato es tan solo un anticipo de mi segundo libro, pero no estará en ese libro, tan solo es una forma de comunicar que es lo que os podréis encontrar en ese libro. Espero que os haya gustado.

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