Hablar de uno mismo nunca es un ejercicio cómodo. Mucho menos cuando se ha pasado años insistiendo en que el protagonismo no debe estar en la figura, sino en el mensaje. Sin embargo, llega un momento en el que no basta con explicar qué es el BDSM, cómo debe practicarse o dónde están los límites éticos. Llega un momento en el que también es necesario explicar desde dónde se habla.
#LaEscuelaDeBDSM no nació como una marca personal ni como una estrategia de visibilidad. Nació como respuesta. Como reacción ante la desinformación, ante el abuso encubierto bajo términos mal entendidos y ante la ligereza con la que a veces se utiliza una cultura que exige responsabilidad. Este artículo no pretende justificar nada ni convencer a nadie. Pretende situar el origen, el propósito y la coherencia de un proyecto que, con el tiempo, se ha convertido en algo más que un espacio de publicación.

AMO DIABLILLO Y EL PROYECTO «LA ESCUELA DE BDSM»
Quién es Amo Diablillo
Mi presencia pública no nació de la exposición, sino de la conversación. Desde 2014 comencé a participar activamente en redes, respondiendo dudas y compartiendo conocimientos adquiridos a lo largo de los años. Sin embargo, no fue hasta 2020 cuando decidí dar el paso hacia una visibilidad más estructurada. No fue una estrategia, sino una evolución natural de algo que ya venía haciendo en privado.
Lo que se publica en mis artículos responde a una finalidad educativa. No es un reflejo literal de mi vida personal ni de cómo gestiono mis dinámicas. Cada relación es única y personalizada. Enseñar cultura no significa imponer vivencias propias, sino ofrecer herramientas para que cada persona construya su propio criterio.
Desde agosto de 2003 he profundizado de manera constante y formal en esta cultura. Me incomoda que se minimice ese recorrido bajo lecturas superficiales o referencias literarias aisladas. El BDSM no se aprende en una novela; se comprende con estudio, experiencia y reflexión continuada.
Si tuviera que resumir el mayor aprendizaje personal, hablaría de autocontrol. Sin dominio de uno mismo no puede existir un intercambio de poder sano. Conocerse, leer a la otra persona y actuar con conciencia son pilares irrenunciables.
Fuera del rol, soy alguien que valora el aprendizaje constante, la sinceridad, la empatía y los principios sólidos. La exposición pública me ha obligado a trabajar el miedo escénico, pero no ha cambiado mi esencia: sigo siendo una persona comprometida con el conocimiento y con la responsabilidad que implica transmitirlo.
El Proyecto “La Escuela de BDSM”
La Escuela de BDSM nació como una necesidad ética, no como una iniciativa de visibilidad. Durante años observé cómo se justificaban abusos físicos y psicológicos bajo la etiqueta de “prácticas BDSM”, sin consenso ni acuerdos reales. Esa distorsión de la cultura fue el detonante. El proyecto surge como respuesta a esa desinformación y como un intento de aportar claridad y responsabilidad.
El temor inicial fue breve y humano: la exposición pública siempre conlleva juicio. Sin embargo, comprendí pronto que la crítica es inevitable cuando se toma posición. Al comenzar desde la escritura, el miedo escénico quedó en segundo plano y permitió que el contenido se consolidara antes que la figura.
Hubo momentos difíciles. Los ataques coordinados durante el primer año y la ruptura de la relación con la sumisa con la que comenzó el blog pusieron en duda su continuidad. Especialmente el segundo episodio implicó una reflexión profunda sobre el sentido del proyecto. Permanecer activo no fue una decisión automática, sino meditada.
Existe una línea que no estoy dispuesto a cruzar, incluso si generara visitas o notoriedad: la llamada dominación/sumisión mental. Es un terreno complejo y potencialmente destructivo si se gestiona sin la preparación adecuada. No asumiré la responsabilidad de trivializar algo que puede causar daño real.
Lo que más valoro son los mensajes de quienes afirman haber evitado relaciones perjudiciales gracias a la información publicada. Si algún día el proyecto desaparece, esa será la huella que permanecerá: haber contribuido a que algunas personas tomaran decisiones más seguras y conscientes.
BDSM y las redes sociales
Las redes sociales han sido una herramienta decisiva en mi recorrido. Gracias a ellas descubrí una comunidad más amplia, amplié conocimientos y establecí vínculos que han marcado mi vida personal y relacional. Han permitido compartir experiencias, contrastar enfoques y acercar la cultura BDSM a personas que, de otro modo, difícilmente habrían tenido acceso a información estructurada.
Sin embargo, ese mismo espacio digital también ha evidenciado una realidad menos constructiva: la proliferación de conductas abusivas, la banalización de prácticas complejas y la utilización del término BDSM como cobertura de dinámicas que nada tienen que ver con el consenso o la responsabilidad. La exposición amplifica tanto lo valioso como lo perjudicial.
Nunca he sentido presión externa por generar contenido. Escribo por convicción y por coherencia con mis propios principios. La única exigencia es interna: organizar, priorizar y tratar cada tema con el rigor que merece. La constancia no nace de la obligación, sino del compromiso personal.
El espectáculo digital ha transformado parte de la cultura en una exhibición permanente. La validación pública parece, en ocasiones, sustituir al trabajo introspectivo. Existe una tendencia a confundir visibilidad con legitimidad, cuando en realidad la profundidad no siempre es compatible con la inmediatez de las plataformas.
He aprendido a filtrar críticas, pero no tolero el desprecio hacia la cultura ni la falta de respeto. Educar —o, como prefiero entenderlo, transmitir conocimiento— exige responsabilidad. Viralizar puede generar alcance; formar criterio requiere tiempo, contexto y coherencia.
Transmitir conocimientos sobre BDSM
No imparto clases de BDSM ni me considero formador en el sentido académico del término. Mi labor se centra en transmitir conocimientos adquiridos a lo largo de los años, ofreciendo estructura y contexto a una cultura que con frecuencia se aborda desde la superficialidad. No busco establecer jerarquías educativas, sino facilitar herramientas para que cada persona construya su propio criterio.
En diversas ocasiones me han atribuido términos como “mentor”, “referente” o incluso “Maestro”. Aunque agradezco la intención, no me identifico con esas etiquetas. La transmisión de conocimientos no implica superioridad, sino responsabilidad. Mi función no es dirigir procesos personales, sino aportar claridad conceptual y ética.
Uno de los errores más habituales en quienes se acercan al BDSM es no haber reflexionado sobre sus verdaderas motivaciones. La atracción por determinadas prácticas suele preceder a la comprensión de los fundamentos: consentimiento informado, protocolos, autocontrol y responsabilidad emocional. Sin esa base, cualquier dinámica carece de profundidad.
Cuando comparto contenido, establezco un límite claro: no transmito mi forma personal de vivir el BDSM como modelo universal. Cada relación es única y debe construirse desde la autenticidad de quienes la integran. Mi papel se limita a ofrecer información estructurada, no a moldear vínculos ajenos.
Lo verdaderamente valioso es observar cómo, a partir de esa información, las personas desarrollan pensamiento crítico y madurez. La cultura se fortalece cuando se comprende, no cuando se imita.
Escribir libros de BDSM
La decisión de escribir un libro no respondió a una necesidad de ampliar visibilidad, sino a la demanda de condensar conocimientos fundamentales en un formato más estructurado y neutro. Mientras el blog permite un enfoque más personal y contextual, el libro exige una exposición impersonal, rigurosa y centrada en bases imprescindibles para comprender la cultura BDSM.
Escribir para papel implica un nivel distinto de exigencia. El tono, la construcción del discurso y la responsabilidad formal son mayores. La inmediatez del entorno digital permite cercanía; el formato impreso obliga a una coherencia sostenida y a una profesionalidad que permanece en el tiempo.
Uno de los desafíos más complejos del proceso creativo fue definir el título y la portada. Ambos elementos sintetizan el contenido y deben transmitir credibilidad, profundidad y claridad sin caer en lo superficial. Elegirlos supuso un ejercicio de precisión conceptual.
No reflexioné en exceso sobre la permanencia del libro; lo concebí como una herramienta útil para quienes buscaban una base sólida sin el componente más personal del blog. La mejor valoración es saber que quien lo cierra siente que ha aprendido o ha reforzado conocimientos esenciales.
Existe, no obstante, un tema que todavía requiere cautela: la dominación/sumisión mental. Es una dimensión intensa y delicada que puede resultar enriquecedora o profundamente dañina. Abordarla con responsabilidad será, probablemente, un paso necesario en el futuro.
La responsabilidad de tener voz dentro de la comunidad
No me considero una voz influyente, sino constante. La regularidad en el trabajo y la coherencia en el discurso han sido más determinantes que cualquier cifra. La influencia, si existe, es una consecuencia indirecta; la constancia, en cambio, es una decisión consciente sostenida en el tiempo.
La posibilidad de ser malinterpretado no es teórica, es real. Lo he vivido y he asumido que la exposición implica riesgo. Cuando surge un conflicto, la única vía válida es el diálogo y la aclaración directa. Las palabras escritas pueden generar ambigüedad; la conversación permite recuperar el contexto.
Mi postura frente a quienes utilizan el BDSM para justificar abuso es clara y firme. No hay espacio para quienes manipulan prácticas consensuadas con intención de dañar. El intercambio de poder exige responsabilidad y conciencia; convertirlo en herramienta de agresión es una perversión de la cultura.
El desacuerdo con figuras visibles forma parte de cualquier comunidad plural. No existe una verdad absoluta y asumirlo es fundamental para mantener el equilibrio. En ocasiones se aprende; en otras se aporta una perspectiva distinta. La madurez reside en gestionar esas diferencias sin convertirlas en confrontación permanente.
He cometido errores y los he asumido públicamente cuando ha sido necesario. La coherencia ética implica reconocer fallos y rectificar. Existe, además, una línea inquebrantable: la participación de menores. La cultura BDSM exige madurez y consentimiento plenamente consciente; cualquier excepción a ese principio es inadmisible.
El coste emocional de educar sobre BDSM
Detrás de cada artículo existe un trabajo que no siempre es visible: la responsabilidad de abordar cada tema con rigor, equilibrio y sensibilidad. No se trata únicamente de escribir, sino de anticipar interpretaciones, contemplar matices y procurar que el contenido sea útil sin generar confusión. Esa exigencia constante implica un desgaste silencioso.
Una de las críticas más recurrentes ha sido cuestionar mi legitimidad para enseñar. Con el tiempo he comprendido que muchas de esas objeciones no parten del análisis, sino de la resistencia al compromiso que exige la cultura BDSM. La repetición de ese discurso ha terminado por restarle impacto, aunque no deja de evidenciar una falta de profundidad en el debate.
No me he sentido solo defendiendo posicionamientos firmes. La diversidad dentro de la comunidad permite encontrar voces afines que comparten la importancia del respeto y la coherencia. Sin embargo, sí resulta frustrante observar la falta de compromiso, la escasa voluntad de aprendizaje y la tendencia a simplificar una cultura que requiere responsabilidad.
La motivación, hasta ahora, no ha sido un problema. El interés por seguir estudiando y formándome mantiene activa mi implicación. Parte del trabajo menos visible se encuentra en las conversaciones privadas, en el acompañamiento individual y en la orientación que muchas personas buscan fuera del espacio público. Con la formación adicional en sexología y prevención de la violencia, el objetivo es ampliar esa capacidad de ayuda con mayor preparación técnica y ética.
El futuro y el legado
Uno de los principales desafíos actuales dentro de la cultura BDSM es la desinformación. A pesar de la abundancia de contenidos disponibles, persisten interpretaciones erróneas que generan daño y confusión. El acceso a información no siempre equivale a comprensión; sin criterio, la superficialidad se impone sobre el conocimiento.
El error colectivo que más se repite es la falta de voluntad para aprender de forma estructurada. Se prioriza la práctica inmediata sobre la base teórica y ética que la sostiene. Elementos esenciales como el aftercare continúan siendo descuidados, especialmente en entornos centrados exclusivamente en la dimensión más visible o performativa del kink.
A medio y largo plazo, imagino La Escuela de BDSM evolucionando hacia una estructura asociativa con presencia institucional y reconocimiento legal. El objetivo no es la notoriedad, sino contribuir a normalizar la cultura desde la responsabilidad, reduciendo estigmas y evitando persecuciones basadas en desconocimiento.
El legado que aspiro a dejar no es personal, sino cultural: una comunidad más fortalecida, con menos tabúes y mayor cohesión. No pretendo formar seguidores, sino facilitar herramientas para que cada persona desarrolle criterio propio y extraiga lo mejor de sí misma.
Si tuviera que sintetizar esa intención en una frase, sería la que acompaña cada despedida: Vive el BDSM con RESPETO y HUMILDAD. Vivirlo implica asumirlo como una forma consciente de entender el poder y el vínculo, recordando siempre que antes que roles, somos personas.
🖤 Conclusión: Una declaración de coherencia
Este recorrido no pretende construir una imagen ni reforzar una posición, sino ofrecer contexto. Contexto sobre el origen, la intención y la responsabilidad que sostienen cada publicación, cada formación y cada decisión tomada dentro del proyecto. Cuando se habla de poder, de ética y de cultura, no basta con explicar conceptos; es necesario mostrar desde qué principios se articulan.
El propósito ha sido siempre el mismo: aportar claridad frente a la desinformación, promover el criterio frente a la improvisación y defender la responsabilidad frente a cualquier forma de abuso. La constancia, la formación continua y la coherencia ética no son elementos accesorios, sino la base que permite sostener una voz pública dentro de esta cultura.
A partir de aquí, la invitación es sencilla y práctica: cuestionar, aprender, contrastar y asumir que el BDSM exige madurez. No se trata de adoptar modelos ajenos, sino de construir dinámicas conscientes, seguras y respetuosas. Todo lo demás es accesorio.
😈 Opinión de Amo Diablillo 😈
No me interesa agradar a todo el mundo. No me interesa sumar seguidores si eso implica rebajar el discurso o mirar hacia otro lado cuando veo conductas que dañan la cultura. Estoy cansado de la superficialidad disfrazada de libertad y del ego disfrazado de liderazgo. El BDSM no es un refugio para inmaduros ni un escenario para alimentar carencias personales.
No voy a normalizar la falta de estudio, la ausencia de compromiso ni la banalización del poder. El intercambio de poder exige autocontrol, formación y ética. Quien no esté dispuesto a asumir esa responsabilidad no está practicando BDSM; está jugando a algo que no comprende. Y cuando se juega con el poder sin comprenderlo, alguien termina pagando las consecuencias.
Mi proyecto no está diseñado para entretener ni para validar fantasías vacías. Está diseñado para incomodar cuando sea necesario, para señalar errores y para exigir madurez. Si eso reduce mi alcance, lo acepto. Prefiero una comunidad más pequeña y consciente que una multitud desinformada que confunda intensidad con profundidad.
Apoyo a #LaEscuelaDeBDSM y mi compromiso con la educación.
En #LaEscuelaDeBDSM, me enorgullece ofrecer un espacio de aprendizaje y reflexión completamente independiente. Mi labor no se financia mediante clases de pago ni cuento con patrocinadores que respalden mis actividades. La única fuente de apoyo económico proviene de la venta de los libros de la Saga MyA, disponibles en sagamya.laescueladebdsm.com . Estos libros, escritos con dedicación y basados en experiencias reales, buscan educar, inspirar y entretener tanto a personas novicias como a quienes ya forman parte de la comunidad BDSM.
Cada ejemplar de la Saga MyA comprado incluye algo muy especial: una firma manuscrita y una dedicatoria personalizada de mi parte, reflejo de mi compromiso por mantener una conexión cercana y auténtica con quienes me apoyan. Al adquirir uno de estos libros, no solo estarás disfrutando de una historia envolvente, sino también apoyando una iniciativa educativa única que busca desmitificar el BDSM y promover una práctica ética y consensuada. Tu contribución es vital para que pueda seguir llevando adelante esta misión.
¡Gracias por formar parte de esta comunidad y por ayudar a que #LaEscuelaDeBDSM siga creciendo y educando!
Y como siempre digo: me despido por hoy de todos/as vosotros/as con la intención de vernos en redes sociales, chats, foros, y que hablemos de BDSM siempre que sea posible.
Como siempre os digo, mis queridos alumnos, yo no soy un Maestro ni un Tutor, solo expongo mi experiencia, mis conocimientos adquiridos y adquirentes, para que todos podamos aprender.
Vive el BDSM con RESPETO y HUMILDAD.
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