Quien no es capaz de cuidar de la persona, tampoco debería ejercer poder sobre el rol. Dentro del BDSM existe una tendencia a asociar la dominación exclusivamente con autoridad, control, disciplina o capacidad de dirigir una dinámica. Sin embargo, detrás de cualquier intercambio de poder saludable existe una realidad mucho menos visible y, a menudo, menos valorada: la responsabilidad de cuidar. La dominación no se limita a dar órdenes o establecer normas; implica también prestar atención a las necesidades, límites, emociones y bienestar de la persona que ha depositado su confianza en esa relación.
La llamada dominación cuidadora plantea una forma de entender el liderazgo dentro de las dinámicas BDSM donde el ejercicio del poder y el cuidado no compiten entre sí, sino que conviven de manera inseparable. Lejos de representar una pérdida de autoridad o una actitud sobreprotectora, este enfoque invita a reflexionar sobre cómo la atención, la empatía y la responsabilidad pueden integrarse de forma natural en el ejercicio de la dominación, fortaleciendo tanto la dinámica como el vínculo entre las personas implicadas.
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