Cuando una persona deja de ver a quien tiene delante y solo ve un rol, los conflictos dejan de ser una posibilidad para convertirse en una consecuencia. Resulta curioso observar cómo algunas personas comprenden perfectamente que un actor no es el personaje que interpreta, pero encuentran enormes dificultades para diferenciar a una persona de la función que desempeña dentro de una dinámica BDSM. Lo que comienza como una forma de vivir una relación puede terminar convirtiéndose en una etiqueta que invade cada conversación, cada emoción y cada desacuerdo.
Dentro del BDSM, los roles tienen un valor importante porque ayudan a definir dinámicas, responsabilidades, expectativas y formas de interacción. Sin embargo, detrás de cualquier Dominante, sumiso, sádico, masoquista o switch sigue existiendo una persona con necesidades, emociones, limitaciones y circunstancias propias. Cuando esa diferencia deja de estar clara, pueden aparecer tensiones, malentendidos y conflictos que deterioran tanto la relación como la experiencia dentro de la dinámica.
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