La dominación dentro del BDSM suele asociarse con control, dirección y liderazgo. Sin embargo, rara vez se detiene la mirada en lo que ocurre fuera del gesto visible, de la orden dada o del ritual acordado. Existe una tendencia a reducir el rol dominante a la ejecución de prácticas o a la gestión de una escena, olvidando que el ejercicio del poder consensuado tiene efectos que no siempre son inmediatos ni evidentes. No todo impacto emocional se manifiesta en el momento, ni todo daño aparece envuelto en conflicto.
Hablar de responsabilidad emocional en el rol dominante no es cuestionar la dominación, sino analizarla con madurez. Implica reconocer que el intercambio de poder no se desarrolla en un vacío emocional, sino entre personas con historias, límites internos y vulnerabilidades reales. Este artículo se centra en ese terreno menos visible, donde las decisiones del rol dominante pueden contribuir al crecimiento, la estabilidad y la seguridad psicológica… o, por el contrario, convertirse en un factor de riesgo si no se ejercen con criterio y consciencia.
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