Hoy es un dia de felicidad, os traigo NOTICIAS FRESCAS. Sigo avanzando, creciendo y, por supuesto, rompiendo barreras. Hoy quiero compartir con vosotros dos noticias importantes que marcarán un antes y un después en este apasionante camino que llevo recorriendo desde hace ya más de cinco años.
Hablemos del hecho de que la SUMISIÓN NO ES SERVILISMO. Hay quienes llevan años en la escena BDSM, han servido a varias Dominantes, han vivido dinámicas 24/7, han firmado contratos, se han dejado marcar, tatuar, atar y humillar… y aún no han entendido lo más básico: la sumisión no es servilismo. No es resignación, no es anulación, no es sacrificio personal disfrazado de entrega.
Y sí, aunque pueda sonar provocador, esta confusión se ve con mayor frecuencia entre sumisos varones, muchos de los cuales siguen creyendo que ser sumiso significa decir “sí, Ama” a todo, sin condiciones, sin límites, sin voz. Pero no. El BDSM se basa en el consenso, en la elección, y en el deseo mutuo, no en la renuncia a uno mismo para complacer a quien domina.
Hoy toca hablar del BDSM Y LAS RELACIONES VAINILLA. Nunca falta quien, al escuchar que practico BDSM, asume automáticamente que tengo una relación monógama, sellada con contrato, rituales diarios y una agenda sexual más estricta que la del Pentágono. Y si además menciono que tengo una dinámica D/s, se imaginan una relación cerrada, jerárquica y exclusiva, donde no cabe ni una mirada ajena. Pues bien… spoiler: no siempre es así.
El BDSM no es patrimonio de la pareja tradicional. De hecho, cada vez más personas que viven relaciones no monógamas —poliamor, relaciones abiertas, vínculos múltiples, cuckold, tríos estables o inestables, o simplemente gente que no quiere etiquetas pero sí acuerdos— están integrando dinámicas de poder consensuado en sus estructuras relacionales. Y ahí es donde la cosa se pone interesante.
En este artículo quiero explorar justamente eso: cómo se vive el BDSM más allá de la relación “clásica” de dos personas. Cómo se negocia el poder, el consentimiento y la emocionalidad cuando entran en juego más de dos vínculos, con diferentes niveles de compromiso, intensidad o jerarquía. Qué pasa cuando hay más de una persona dominante, más de una sumisa, o simplemente múltiples acuerdos que conviven y se entrelazan.
No es fácil. No es rápido. Pero es posible. Y puede ser increíblemente enriquecedor. Solo hace falta lo de siempre: comunicación brutalmente honesta, acuerdos sólidos, y saber que en esta vida no se domina a nadie que no quiera ser dominado… y menos aún cuando hay más personas observando.
EL DOM NO ES UN VERDUGO SINO UN CREADOR DE LIBERTADES
“EL DOM NO ES UN VERDUGO SINO UN CREADOR DE LIBERTADES. Ah, la humillación… ese momento glorioso en el que el Dominante se convierte en una especie de villano de película barata, con látigo en mano y risa malvada de fondo, ¿verdad? Claro, porque nada dice ‘responsabilidad emocional’ como arrastrar a alguien por el suelo sin contexto ni consentimiento. Spoiler: no.”
La humillación, vista desde el rol dominante, es un arte. Uno que va mucho más allá del simple acto de “bajar a alguien” o jugar con palabras fuertes. Es una herramienta que, usada correctamente, permite explorar territorios profundos del deseo, del poder y de la entrega. Pero como todo arte, requiere comprensión, técnica, límites y, sobre todo, humanidad. Este artículo pretende desmontar los clichés del Dom cruel y despiadado y ofrecer una mirada honesta, ética y responsable sobre cómo ejercer la humillación desde el dominio consciente, no desde la ignorancia arrogante.
Hablemos de HUMILLACIÓN: CUANDO LA ENTREGA VA MÁS ALLÁ DEL CUERPO. Hablar de humillación en BDSM es como intentar explicar a tu cuñado que te gusta que te llamen “gusano inútil” mientras alguien te pisa la cara… con amor, respeto y consentimiento. En resumen: te miran raro. Incluso dentro de la comunidad, hay quienes evitan el tema, como si fuera el último cajón del armario donde escondemos los juguetes que no queremos que nadie vea. Y sin embargo, ese mismo cajón suele estar lleno de algunas de las experiencias más intensas, liberadoras y transformadoras para muchas personas sumisas.
Este artículo nace precisamente de esa tensión: la incomodidad de hablar de lo que se considera “feo”, “inmoral” o “destructivo”, frente a la vivencia real de quienes encuentran en la humillación un lenguaje emocional y erótico profundamente válido. No se trata de justificar el maltrato, ni de glorificar dinámicas que no estén consensuadas. Se trata de entender qué ocurre cuando una persona sumisa desea ser humillada, cómo se negocia, cómo se cuida, y qué puede significar para su rol, su identidad y su placer.
Vamos a ver de cerca este tipo de prácticas, desde la vulnerabilidad, la reflexión ética y, por qué no, con una pizca de ironía al inicio de cada sección. Porque si algo tiene la humillación, es que duele… pero a veces también da risa. Y placer. Y poder.
🎉 5 ANIVERSARIO DE #LAESCUELADEBDSM : Han pasado cinco años desde que #LaEscuelaDeBDSM nació. ¡Cinco años! En tiempo de internet, eso es como haber vivido varias eras geológicas. He visto modas ir y venir, dramas dignos de telenovela y, lo más importante, he seguido aquí, compartiendo conocimiento y desmintiendo mitos. Hoy celebro este viaje con un repaso irónico y divertido de todo lo que he conseguido.
Hablemos de sumisión y la baja autoestima: La sumisión dentro del BDSM es una elección que implica autoconocimiento, confianza y un deseo consciente de entrega dentro de límites y acuerdos establecidos. Sin embargo, en algunos casos, la línea entre sumisión y baja autoestima se desdibuja, llevando a personas vulnerables a buscar la sumisión no desde el placer, sino desde la necesidad de validación externa. Cuando alguien siente que no tiene valor y cree que solo a través de la sumisión puede encontrar un propósito, se está ante un problema que va más allá de la dinámica BDSM y entra en el terreno del bienestar emocional y psicológico.
Aceptar una relación de poder sin una autoestima sólida puede llevar a situaciones dañinas, tanto para la persona sumisa como para la dinámica en su conjunto. La sumisión no debe ser una vía de escape del dolor emocional, sino una elección basada en la confianza en uno mismo. Por ello, es fundamental comprender la diferencia entre una sumisión saludable y aquella que nace de la inseguridad, identificar los riesgos y, sobre todo, encontrar herramientas para fortalecer la autoestima antes de explorar este tipo de relaciones.
Hablar de amor en el BDSM es casi como tratar de mezclar el agua con el aceite, ¿verdad? O al menos, eso es lo que muchos creen. Para algunos, el BDSM es un mundo de reglas estrictas, control y dominación donde los sentimientos románticos son poco más que un obstáculo. “Aquí venimos a sufrir o a hacer sufrir, no a enamorarnos” podría ser el lema de los más radicales. Pero la realidad es otra: el amor en el BDSM no solo es posible, sino que, en muchos casos, es más sólido y profundo que en una relación tradicional.
El problema es que mucha gente sigue atrapada en la idea de que BDSM y amor son conceptos opuestos. Se cree que quien domina no puede sentir afecto real por su sumiso/a, y que quien se somete lo hace desde una posición de debilidad emocional. Sin embargo, las dinámicas de poder no eliminan el amor, sino que lo transforman en algo más complejo, estructurado y, en muchos casos, más intenso. En este artículo, exploraremos cómo el amor y el BDSM pueden coexistir y hasta potenciarse mutuamente.
FINDOM Y TRIBUTOS: El FinDom (Dominación Financiera) es una práctica dentro del BDSM que, en su origen, representaba una dinámica consensuada, cargada de simbolismo y basada en la entrega mutua. A través de tributos financieros o materiales, la parte sumisa manifestaba su devoción y su voluntad de someterse, mientras el dominante asumía la responsabilidad de guiar y proteger esa relación. Era una expresión poderosa del intercambio de poder, cimentada en la confianza y el respeto mutuos.
Sin embargo, con el paso del tiempo y el auge de las redes sociales, esta práctica ha degenerado en muchos casos hasta convertirse en una mera excusa para pedir dinero sin sentido ni simbolismo. Lo que antes era una expresión emocional y consensuada de sumisión ahora a menudo se reduce a un «hazme una transferencia porque sí», sin conexión ni estructura BDSM real. ¿Qué ha llevado a esta distorsión? La falta de educación, la banalización de las relaciones de poder y la presencia de personas que buscan aprovecharse económicamente han desdibujado los límites de lo que debería ser una dinámica auténtica y significativa. Vamos a explorarlo a fondo.
En el mundo del BDSM, las percepciones y experiencias de cada persona pueden ser tan diversas como sus motivaciones para formar parte de esta cultura. A lo largo de los años, he tenido la oportunidad de observar cómo las personas se acercan al BDSM desde diferentes perspectivas, ya sea buscando una forma de vivir sus deseos más profundos, explorar sus límites o, incluso, encontrar una conexión más significativa con los demás. Cada uno llega con una historia, una necesidad o una curiosidad que guía su camino. En este artículo, quiero compartir los resultados de una encuesta que recoge cómo diversos individuos, desde novatos hasta expertos, entienden y viven el BDSM en su día a día. Podéis consultar las estadísticas completas y las respuestas detalladas en este enlace.
El objetivo de este análisis no es solo conocer las respuestas a preguntas concretas, sino también comprender las actitudes y dinámicas que subyacen en nuestra comunidad. Al hacerlo, podremos reflexionar sobre cómo el BDSM se adapta a las realidades de quienes lo practican, cómo se relaciona con las ideas de amor, poder, confianza y seguridad, y qué protocolos son fundamentales para quienes eligen formar parte de esta subcultura. Es importante recordar que, más allá de las etiquetas o definiciones, el BDSM es una experiencia profundamente humana que, en su núcleo, se basa en el respeto y el entendimiento mutuo entre todos sus participantes.
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