OBEDECER SIN PREGUNTAR: RELATO CRÍTICO

OBEDECER SIN PREGUNTAR: RELATO CRÍTICO

Tiempo de lectura: 21 minutos

Hay una frase que aparece con cierta frecuencia en algunos espacios del BDSM: “si obedeces de verdad, no preguntas”. Dicho así, suena contundente, casi épico, como si la obediencia absoluta fuese una especie de prueba definitiva de entrega. A primera vista puede parecer parte del juego de poder, una forma intensa de reforzar la dinámica entre roles. Sin embargo, cuando esa idea se repite sin matices, empieza a generar una narrativa peligrosa: la de que cuestionar algo debilita la sumisión, y que la verdadera obediencia consiste en aceptar cualquier orden sin detenerse a pensar.

El problema es que el BDSM real —el que se sostiene sobre consentimiento, negociación y responsabilidad— no funciona de esa manera. La obediencia dentro de una dinámica no surge del silencio ni de la anulación personal, sino de acuerdos claros entre personas que entienden los riesgos y los límites de lo que están haciendo. Por eso resulta necesario analizar con calma esa idea de obedecer sin preguntar, no desde la fantasía que a veces la envuelve, sino desde una mirada crítica que permita distinguir entre dinámicas consensuadas y situaciones donde la obediencia se utiliza para justificar comportamientos problemáticos.

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HUMILLACIÓN: CUANDO LA ENTREGA VA MÁS ALLÁ DEL CUERPO

HUMILLACIÓN: CUANDO LA ENTREGA VA MÁS ALLÁ DEL CUERPO

Tiempo de lectura: 28 minutos
PRIMERA CITA EN BDSM: BENEFICIOS, RIESGOS Y SEGURIDAD

Hablemos de HUMILLACIÓN: CUANDO LA ENTREGA VA MÁS ALLÁ DEL CUERPO. Hablar de humillación en BDSM es como intentar explicar a tu cuñado que te gusta que te llamen “gusano inútil” mientras alguien te pisa la cara… con amor, respeto y consentimiento. En resumen: te miran raro. Incluso dentro de la comunidad, hay quienes evitan el tema, como si fuera el último cajón del armario donde escondemos los juguetes que no queremos que nadie vea. Y sin embargo, ese mismo cajón suele estar lleno de algunas de las experiencias más intensas, liberadoras y transformadoras para muchas personas sumisas.

Este artículo nace precisamente de esa tensión: la incomodidad de hablar de lo que se considera “feo”, “inmoral” o “destructivo”, frente a la vivencia real de quienes encuentran en la humillación un lenguaje emocional y erótico profundamente válido. No se trata de justificar el maltrato, ni de glorificar dinámicas que no estén consensuadas. Se trata de entender qué ocurre cuando una persona sumisa desea ser humillada, cómo se negocia, cómo se cuida, y qué puede significar para su rol, su identidad y su placer.

Vamos a ver de cerca este tipo de prácticas, desde la vulnerabilidad, la reflexión ética y, por qué no, con una pizca de ironía al inicio de cada sección. Porque si algo tiene la humillación, es que duele… pero a veces también da risa. Y placer. Y poder.

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