QUÉ NECESITA UNA PERSONA DOM

¿QUÉ NECESITA UNA PERSONA DOM?

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«Una persona Dom no deja de ser humana el día que asume un rol; simplemente aprende a convivir con una responsabilidad que pocas veces alguien se detiene a mirar.» Durante años, el BDSM ha puesto el foco, con razón, en la seguridad, las necesidades y el bienestar de la parte sumisa. Se han escrito innumerables textos sobre cómo escuchar, cuidar y acompañar a quien entrega parte de su poder. Sin embargo, existe una pregunta que rara vez aparece en una conversación, en una negociación o en el inicio de una dinámica: ¿qué necesita la persona que se encuentra al otro lado del intercambio de poder?

Quizá el problema sea que, con demasiada frecuencia, se confunde el rol con la persona. Se espera que una persona Dom tenga siempre las respuestas, mantenga la calma, tome decisiones acertadas y sostenga la dinámica sin mostrar dudas ni cansancio. Pero detrás de cualquier título, honorífico o forma de vivir el BDSM, hay alguien con una vida propia, con responsabilidades, con emociones y con necesidades que también merecen ser escuchadas. Este artículo no pretende establecer una competición entre roles, sino invitar a una reflexión necesaria: recordar que, incluso dentro de una relación basada en el intercambio de poder, nadie debería convertirse en invisible.

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BDSM Y LAS RELACIONES VAINILLA

BDSM Y LAS RELACIONES VAINILLA

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BDSM Y LAS RELACIONES VAINILLA - La Escuela De BDSM
La Escuela De BDSM

BDSM Y LAS RELACIONES VAINILLA

Hoy toca hablar del BDSM Y LAS RELACIONES VAINILLA. Nunca falta quien, al escuchar que practico BDSM, asume automáticamente que tengo una relación monógama, sellada con contrato, rituales diarios y una agenda sexual más estricta que la del Pentágono. Y si además menciono que tengo una dinámica D/s, se imaginan una relación cerrada, jerárquica y exclusiva, donde no cabe ni una mirada ajena. Pues bien… spoiler: no siempre es así.

El BDSM no es patrimonio de la pareja tradicional. De hecho, cada vez más personas que viven relaciones no monógamas —poliamor, relaciones abiertas, vínculos múltiples, cuckold, tríos estables o inestables, o simplemente gente que no quiere etiquetas pero sí acuerdos— están integrando dinámicas de poder consensuado en sus estructuras relacionales. Y ahí es donde la cosa se pone interesante.

En este artículo quiero explorar justamente eso: cómo se vive el BDSM más allá de la relación “clásica” de dos personas. Cómo se negocia el poder, el consentimiento y la emocionalidad cuando entran en juego más de dos vínculos, con diferentes niveles de compromiso, intensidad o jerarquía. Qué pasa cuando hay más de una persona dominante, más de una sumisa, o simplemente múltiples acuerdos que conviven y se entrelazan.

No es fácil. No es rápido. Pero es posible. Y puede ser increíblemente enriquecedor. Solo hace falta lo de siempre: comunicación brutalmente honesta, acuerdos sólidos, y saber que en esta vida no se domina a nadie que no quiera ser dominado… y menos aún cuando hay más personas observando.

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