EL DUELO EN EL BDSM: CUANDO UNA DINÁMICA LLEGA A SU FIN

EL DUELO EN EL BDSM: CUANDO UNA DINÁMICA LLEGA A SU FIN
Tiempo de lectura: 29 minutos

Dentro del BDSM existe una imagen profundamente arraigada de la parte Dominante como una figura que debe mantener el control, transmitir seguridad y saber gestionar cualquier situación. Sin embargo, ejercer el control dentro de una dinámica consensuada no significa tener el control sobre las propias emociones ni estar preparado para afrontar cualquier pérdida. Una ruptura sentimental, el final de una relación de Dominación y sumisión o la desaparición de una dinámica de Sadismo o Bondage pueden provocar un impacto emocional considerable, incluso cuando la decisión de terminar ha sido meditada y necesaria.

Cuando una dinámica llega a su fin, no siempre se pierde únicamente a una persona. También pueden desaparecer rutinas compartidas, rituales, proyectos, espacios de intimidad y una forma concreta de experimentar la propia identidad dentro del BDSM. Para la parte Dominante, Sádica o Bondager, comprender qué representa esa pérdida resulta fundamental para identificar las emociones que aparecen, reconocer cómo afectan a su vida cotidiana y evitar que el sufrimiento interfiera en sus decisiones personales o en sus futuras relaciones. El duelo merece ser abordado desde la realidad de cada vínculo, sin idealizaciones ni exigencias artificiales de fortaleza.

EL DUELO EN EL BDSM: CUANDO UNA DINÁMICA LLEGA A SU FIN - La Escuela De BDSM
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EL DUELO EN EL BDSM: CUANDO UNA DINÁMICA LLEGA A SU FIN

Dentro del BDSM persiste una idea equivocada: quien ejerce el rol Dominante debe ser una persona firme, segura, emocionalmente estable y capaz de afrontar cualquier situación sin mostrar debilidad. Como si asumir el control durante una dinámica consensuada proporcionara automáticamente las herramientas necesarias para gestionar una ruptura, un rechazo o una pérdida. La capacidad de ejercer la Dominación no convierte a nadie en una persona inmune al sufrimiento emocional. Confundir ambas cuestiones supone construir una imagen irreal que puede terminar perjudicando a quien intenta mantenerla.

Una persona que desempeña el rol Dominante también puede experimentar tristeza, inseguridad, miedo al abandono, frustración o una profunda sensación de vacío cuando termina una relación significativa. Estas emociones no invalidan su identidad ni demuestran una supuesta incapacidad para ejercer su rol. La vulnerabilidad emocional forma parte de la experiencia humana, independientemente de las preferencias sexuales, las prácticas BDSM o la posición que se ocupe dentro de una dinámica.

Uno de los errores más frecuentes consiste en ocultar el sufrimiento para preservar una imagen de fortaleza ante la expareja o el entorno. Algunas personas interpretan que reconocer el dolor equivale a perder autoridad, mientras que otras intentan compensarlo mediante una actitud fría, distante o excesivamente autoritaria. Esta respuesta puede dificultar la comprensión de lo que están viviendo y favorecer decisiones impulsivas. Mantener una apariencia de control no significa haber gestionado lo ocurrido.

También conviene evitar el extremo contrario: utilizar el sufrimiento como justificación para exigir atención, reclamar obediencia o responsabilizar a la otra persona de nuestro bienestar emocional. Que haya existido una relación de Dominación y sumisión no concede derechos permanentes sobre quien decide marcharse. El vínculo puede haber sido intenso, profundo y significativo, pero el consentimiento y la autonomía personal siguen siendo fundamentales cuando la relación termina.

Reconocer la propia vulnerabilidad no resta valor al rol Dominante. Permite distinguir entre el control consensuado que se ejerce dentro de una dinámica y la necesidad de controlar las emociones, las decisiones o la vida de otra persona. Esa diferencia resulta esencial para comprender el duelo sin convertirlo en una lucha por preservar una imagen que nunca debería estar por encima del bienestar personal.

Cuando una dinámica BDSM llega a su fin, la pérdida puede abarcar mucho más que la ausencia de una pareja o de una persona con quien compartir prácticas. También puede desaparecer una forma de relacionarse, una rutina emocional, un espacio de intimidad y un proyecto que ocupaba un lugar importante en la vida cotidiana. Para la parte Dominante, Sádica o Bondager, comprender las distintas dimensiones de esa pérdida permite identificar qué está provocando realmente el sufrimiento y evita reducir toda la experiencia a la ruptura de una relación.

En una dinámica de Dominación y sumisión pueden existir rituales, protocolos, acuerdos, responsabilidades y formas particulares de comunicación que aportan estructura al vínculo. Cuando termina, la persona puede echar de menos no solo la presencia de la otra parte, sino también las costumbres que compartían, las decisiones que tomaban conjuntamente y el lugar que ocupaba esa relación en su día a día. La desaparición de esas referencias puede generar una sensación de vacío, incluso cuando se comprende que la relación ya no podía continuar.

En el Sadismo y el Bondage también pueden perderse espacios específicos de confianza, exploración y conexión interpersonal. La posibilidad de compartir determinadas prácticas con una persona concreta no implica que esas experiencias sean irrepetibles, pero sí que el vínculo construido con ella tenía características propias. Intentar sustituir inmediatamente esa conexión mediante otra dinámica puede llevar a comparar constantemente a las personas o a buscar en una nueva relación aquello que todavía se está intentando asimilar.

Otro aspecto importante es la pérdida de expectativas. Quizá existían planes, acuerdos futuros o una determinada visión de cómo evolucionaría la relación. El duelo también puede estar relacionado con el futuro que imaginábamos y que ya no sucederá, no únicamente con lo que hemos vivido. Reconocerlo ayuda a comprender por qué una ruptura puede resultar dolorosa incluso cuando el vínculo presentaba dificultades evidentes.

Por último, es necesario distinguir entre la pérdida de una relación y la pérdida de la propia identidad. Dejar de tener una dinámica activa no obliga a renunciar al rol Dominante, Sádico o Bondager, ni invalida las experiencias anteriores. La relación ha terminado, pero eso no significa que una parte esencial de la persona haya desaparecido con ella. Comprender esta diferencia permite abordar el duelo sin convertir el final de un vínculo en una crisis absoluta de identidad.

El final de una dinámica BDSM puede despertar emociones difíciles de reconocer, especialmente cuando la persona estaba acostumbrada a ocupar el rol Dominante y a asumir responsabilidades dentro de la relación. La tristeza puede mezclarse con rabia, frustración, culpa, celos o una sensación de rechazo que afecta a la autoestima. Sentir estas emociones no significa haber fracasado como Dominante, sino estar atravesando una pérdida cuyo significado personal puede ser mucho más profundo de lo que parece desde fuera.

La culpa aparece, en ocasiones, al repasar conversaciones, decisiones y conflictos, buscando aquello que podría haberse hecho de otra manera. Revisar la propia conducta puede ser útil si permite reconocer errores y asumir responsabilidades concretas. El problema surge cuando esa reflexión se convierte en una búsqueda interminable de culpables o en la convicción de que todo terminó por una supuesta incapacidad personal. Responsabilizarse de los propios errores no equivale a atribuirse toda la responsabilidad de una ruptura. En una relación intervienen dos personas, con sus necesidades, límites, decisiones y circunstancias.

El rechazo también puede afectar de manera particular a quien identifica la Dominación con la capacidad de dirigir, proteger o sostener una dinámica. Que la otra persona decida marcharse puede interpretarse erróneamente como una desautorización del rol o una prueba de que no se ha estado a la altura. Esta interpretación confunde dos cuestiones diferentes: la capacidad para ejercer una Dominación consensuada y el derecho de otra persona a decidir si desea continuar en una relación. Nadie está obligado a permanecer en un vínculo para confirmar el valor personal de quien lo desempeña.

La rabia puede dirigirse hacia la expareja, hacia uno mismo o hacia las circunstancias que condujeron al final. Sentir enfado no justifica las represalias, las amenazas, la exposición de información íntima ni los intentos de castigar a quien se marcha. Del mismo modo, los celos o la frustración no otorgan derecho a vigilar la vida de la otra persona. Las emociones pueden explicar una reacción, pero no justifican cualquier conducta.

Por último, el vacío emocional puede manifestarse como pérdida de motivación, dificultad para concentrarse o sensación de desconexión respecto a actividades que antes resultaban satisfactorias. No es necesario experimentar todas estas emociones ni hacerlo en un orden determinado. Identificarlas, observar cómo afectan a la vida cotidiana y reconocer cuándo resulta difícil gestionarlas permite afrontar el duelo con mayor conciencia, sin convertir el sufrimiento en una lucha contra uno mismo o contra la persona que ya no comparte la dinámica.

Una de las dificultades que puede encontrar la parte Dominante al afrontar una pérdida es intentar gestionar el duelo utilizando las mismas estrategias que emplea en otros ámbitos de su vida: controlar, organizar, analizar y buscar soluciones inmediatas. Sin embargo, el dolor emocional no siempre responde a la voluntad ni puede resolverse mediante una decisión consciente. Comprender lo ocurrido es importante, pero no significa que la tristeza desaparezca automáticamente ni que sea posible recuperar el equilibrio en el momento que uno desea.

El duelo no sigue necesariamente un recorrido ordenado ni tiene una duración idéntica para todas las personas. Puede haber días en los que la pérdida parezca más asumible y otros en los que un recuerdo, una fecha significativa o una situación cotidiana reactive el malestar. Interpretar estas fluctuaciones como un retroceso puede aumentar la frustración y alimentar la sensación de estar gestionando mal la situación. Sentirse mejor y volver a experimentar dolor no son experiencias incompatibles. El proceso emocional puede presentar variaciones sin que eso implique que todo el avance anterior haya desaparecido.

Otro error frecuente consiste en recurrir a la negación o al exceso de actividad para evitar cualquier contacto con lo que se siente. Mantener la rutina, trabajar o practicar actividades satisfactorias puede ayudar, pero utilizar la ocupación constante como una forma de no pensar nunca en la pérdida puede dificultar que se reconozca su impacto. Algo parecido sucede cuando se intenta sustituir inmediatamente a la persona perdida mediante nuevas relaciones o dinámicas. No todo lo que distrae permite elaborar el duelo, y no toda decisión que proporciona alivio inmediato resulta beneficiosa a largo plazo.

También es importante abandonar la idea de que mostrar tristeza, pedir apoyo o admitir que una situación nos supera disminuye la autoridad personal. La fortaleza no consiste en permanecer imperturbable, sino en reconocer las propias limitaciones y actuar con responsabilidad a pesar del malestar. Esto incluye evitar que el sufrimiento se descargue sobre otras personas, especialmente sobre quienes no tienen ninguna responsabilidad en la pérdida.

Aceptar el duelo implica reconocer que hay circunstancias que no podemos cambiar, aunque podamos decidir cómo afrontarlas. La parte Dominante puede conservar su capacidad de decisión sin exigirse controlar cada emoción o acelerar artificialmente su recuperación. El objetivo no es dejar de sentir cuanto antes, sino aprender a convivir con lo ocurrido sin permitir que el dolor dirija todas las decisiones. Esa distinción permite abordar la pérdida desde la realidad emocional, en lugar de convertirla en una nueva obligación de demostrar fortaleza.

El sufrimiento provocado por una ruptura puede alterar la manera de interpretar las decisiones de la expareja y la propia relación. La tristeza, la rabia o la frustración pueden ser intensas, pero existe una diferencia fundamental entre experimentar esas emociones y utilizarlas para justificar comportamientos que vulneran los límites ajenos. El dolor de una pérdida merece comprensión, pero no concede permiso para hacer daño. Esta distinción resulta especialmente importante en el BDSM, donde el control, la entrega y los acuerdos de poder deben sustentarse en el consentimiento.

Una reacción perjudicial consiste en intentar recuperar el vínculo mediante la presión emocional, las amenazas, los reproches constantes o la insistencia después de recibir una negativa clara. También puede aparecer la tentación de utilizar información íntima compartida durante la relación para castigar, avergonzar o desacreditar a la expareja. Estas conductas no constituyen una prolongación legítima de la dinámica anterior. Los acuerdos de Dominación y sumisión no sobreviven automáticamente a la relación que les daba sentido, y ningún rol autoriza a exigir obediencia una vez que la otra persona ha retirado su consentimiento.

Otra mala práctica consiste en buscar alivio inmediato mediante dinámicas precipitadas, prácticas más intensas o relaciones iniciadas exclusivamente para evitar la soledad. No existe un plazo universal que determine cuándo se está preparado para volver a relacionarse, pero conviene examinar las propias motivaciones antes de involucrar a otra persona. Si se busca demostrar que todavía se conserva el poder, provocar celos o sustituir a la expareja, existe el riesgo de convertir un nuevo vínculo en una herramienta para gestionar el dolor. Las personas no son instrumentos para anestesiar una pérdida, y cualquier dinámica nueva necesita acuerdos propios, consentimiento informado y respeto por los límites.

El aislamiento prolongado, el abandono del autocuidado o el consumo problemático de sustancias también pueden agravar las dificultades para afrontar el duelo. Si el malestar interfiere de forma persistente en el descanso, el trabajo, las relaciones o la vida cotidiana, conviene buscar apoyo profesional. No es necesario esperar a que la situación sea insostenible para pedir ayuda.

La responsabilidad personal exige observar las propias reacciones y detenerse cuando existe riesgo de actuar impulsivamente. Si aparecen deseos de venganza, conductas de vigilancia o intentos de controlar a la expareja, establecer distancia y buscar apoyo puede evitar consecuencias mayores. Gestionar el duelo también significa impedir que el sufrimiento se transforme en una forma de violencia o abuso. La pérdida puede explicar el origen de determinadas conductas, pero nunca elimina la responsabilidad sobre ellas.

Gestionar el duelo requiere algo más que esperar a que el tiempo reduzca el malestar. Aunque cada persona necesita su propio proceso, existen recursos que pueden ayudar a comprender lo ocurrido, recuperar estabilidad y evitar que el sufrimiento condicione todas las decisiones. El objetivo no es borrar los recuerdos ni dejar de sentir de inmediato, sino recuperar progresivamente la capacidad de vivir sin que la pérdida ocupe todo el espacio emocional. Para ello, resulta fundamental empezar por reconocer qué se está sintiendo y qué aspectos de la vida cotidiana están siendo afectados.

Una primera herramienta consiste en identificar y expresar las emociones sin juzgarlas. Poner nombre a la tristeza, la rabia, la culpa o la sensación de vacío permite distinguir lo que se siente de lo que se hace con ello. Escribir sobre la experiencia, hablar con alguien de confianza o dedicar un momento a reflexionar puede facilitar esa identificación. No se trata de alimentar constantemente el sufrimiento, sino de evitar que la obligación de aparentar fortaleza impida reconocer las propias necesidades. Si aparecen pensamientos repetitivos, conviene diferenciar entre reflexionar para aprender y repasar una y otra vez los mismos conflictos sin llegar a ninguna comprensión nueva.

También es importante recuperar una estructura cotidiana que favorezca el bienestar. Mantener horarios razonables, cuidar el descanso, alimentarse adecuadamente, realizar actividad física y conservar el contacto con personas de confianza ayuda a sostenerse durante una etapa emocionalmente exigente. Las rutinas no eliminan el duelo, pero pueden proporcionar estabilidad mientras se atraviesa. Si el contacto con la expareja intensifica el malestar, puede ser útil establecer límites de comunicación y reducir la exposición a situaciones que dificulten la recuperación, respetando siempre los acuerdos y las responsabilidades pendientes.

Otra herramienta consiste en revisar la relación con honestidad, sin idealizarla ni convertirla en un fracaso absoluto. Reconocer los momentos positivos no obliga a ignorar los problemas, del mismo modo que identificar errores no invalida todo lo vivido. Esta revisión puede ayudar a comprender qué necesidades quedaron desatendidas, qué límites deben respetarse mejor y qué aspectos conviene trabajar antes de iniciar otra dinámica.

Por último, pedir ayuda profesional es una opción responsable cuando el sufrimiento resulta difícil de gestionar. Si el malestar persiste, empeora o interfiere significativamente en la vida cotidiana, un profesional de la salud mental puede ayudar a desarrollar recursos adecuados a las circunstancias personales. No es necesario abandonar la identidad BDSM ni renunciar al rol Dominante para recibir apoyo. Se trata de cuidar a la persona que existe más allá de la dinámica y recuperar herramientas para afrontar la pérdida con mayor equilibrio.

Cuando una dinámica BDSM termina, existe el riesgo de interpretar el dolor como una advertencia de que volver a confiar es peligroso. Después de una ruptura, algunas personas adoptan una actitud distante, levantan barreras emocionales o deciden no volver a implicarse profundamente con nadie. Otras intentan recuperar la seguridad perdida mediante una actitud más rígida, exigiendo un control absoluto sobre las futuras relaciones. Protegerse del sufrimiento no debería convertirse en una condena a vivir permanentemente a la defensiva. Aprender de una experiencia dolorosa no exige desconfiar de todas las personas ni renunciar a establecer nuevos vínculos.

La reconstrucción personal comienza por comprender que una relación puede terminar sin que todo lo vivido pierda su valor. Los momentos de conexión, los aprendizajes y las experiencias compartidas forman parte de la propia historia, aunque el vínculo ya no continúe. Esto tampoco significa idealizar a la expareja ni justificar comportamientos perjudiciales. Es posible reconocer lo que una relación aportó y, al mismo tiempo, aceptar las razones por las que terminó. Mantener esa perspectiva permite integrar la experiencia sin convertirla en una fuente permanente de resentimiento o culpabilidad.

También conviene revisar las expectativas sobre el futuro. Después de una pérdida, puede aparecer la necesidad de demostrar que se ha superado la ruptura iniciando otra dinámica, recuperando determinadas prácticas o buscando una nueva relación cuanto antes. Sin embargo, no existe la obligación de reemplazar inmediatamente lo perdido. La parte Dominante, Sádica o Bondager puede continuar explorando su identidad BDSM, tomarse un tiempo sin dinámicas activas o descubrir nuevas formas de relacionarse. La recuperación no tiene que ajustarse a un calendario ni demostrarse ante otras personas. Lo importante es que las decisiones respondan a necesidades reales y no únicamente al deseo de llenar un vacío.

La experiencia también puede servir para identificar aspectos que conviene mejorar: la comunicación, la gestión de los conflictos, el reconocimiento de los límites o la capacidad de expresar necesidades emocionales. Esta revisión debe realizarse con honestidad, sin asumir automáticamente toda la responsabilidad por el final de la relación ni utilizar los errores de la expareja para evitar cualquier autocrítica. Aprender implica distinguir qué dependía de uno mismo y qué correspondía a la otra persona.

Reconstruirse significa recuperar la capacidad de decidir cómo se quiere vivir, relacionarse y ejercer el propio rol, sin quedar definido por una ruptura. La pérdida forma parte de la historia personal, pero no tiene por qué convertirse en la identidad de quien la atraviesa. Aceptar esa diferencia permite mirar hacia delante sin negar el pasado, conservar la sensibilidad sin renunciar a los límites y comprender que la fortaleza no consiste en impedir que algo vuelva a doler, sino en desarrollar recursos para afrontar la vida sin transformar el miedo en una barrera permanente.

El duelo tras una ruptura o la pérdida de una dinámica BDSM puede afectar profundamente a la parte Dominante, Sádica o Bondager. No se pierde únicamente una relación: en ocasiones también desaparecen rutinas, proyectos, espacios de intimidad y una forma particular de compartir la propia identidad. Comprender el alcance de esa pérdida permite afrontar el proceso con mayor conciencia, sin confundir la vulnerabilidad emocional con una falta de capacidad para ejercer el rol. La responsabilidad personal no consiste en evitar el sufrimiento, sino en aprender a gestionarlo sin convertirlo en una fuente de daño para uno mismo o para otras personas.

Afrontar esta etapa requiere reconocer las emociones, respetar los tiempos personales, mantener hábitos que favorezcan el bienestar y revisar lo vivido con honestidad. También implica aceptar que la otra persona tiene derecho a terminar una relación, aunque la decisión resulte dolorosa, y que los acuerdos de poder de una dinámica no conceden autoridad sobre quien decide marcharse. Cuando el malestar resulta difícil de manejar o interfiere significativamente en la vida cotidiana, buscar ayuda profesional es una medida responsable, no una señal de debilidad.

Reconstruirse no significa olvidar, sustituir rápidamente a quien se ha perdido ni demostrar que nada ha cambiado. Significa integrar la experiencia, identificar lo aprendido y recuperar la capacidad de tomar decisiones desde la serenidad, no desde la rabia, el miedo o la necesidad de recuperar el control. El BDSM puede seguir formando parte de la vida personal, pero ninguna identidad ni ningún rol debería exigir que se renuncie al propio bienestar emocional.

EL DUELO EN EL BDSM: CUANDO UNA DINÁMICA LLEGA A SU FIN
EL DUELO EN EL BDSM: CUANDO UNA DINÁMICA LLEGA A SU FIN

Yo estoy harto de esa imagen del Dominante invulnerable que algunos se empeñan en representar, como si reconocer el dolor fuera una humillación y mostrar una emoción constituyera una derrota. Me parece una estupidez confundir la capacidad de ejercer el poder dentro de una dinámica consensuada con la obligación de ser emocionalmente indestructible. Yo no considero que una persona sea más Dominante por esconder sus heridas, sino que cuestiono seriamente su madurez cuando necesita disfrazar su sufrimiento de superioridad, frialdad o desprecio. Llevo años viendo cómo se utiliza el rol como escudo para no afrontar las propias carencias, y me niego a aceptar que esa conducta deba confundirse con fortaleza. El cuero, los protocolos, las órdenes y los títulos no convierten a nadie en una persona emocionalmente competente.

Yo tampoco acepto que una ruptura sirva de excusa para acosar, manipular, amenazar, chantajear o castigar a quien ha decidido marcharse. Me da exactamente igual cuánto se haya entregado una persona, cuántos años haya durado la relación o cuán intensa haya sido la dinámica: nadie adquiere la propiedad de otra persona por haber compartido una relación BDSM. Si alguien decide terminar, tendrá que afrontar las consecuencias emocionales de esa decisión, pero la otra parte también tendrá que asumir que no puede imponer su permanencia. Yo considero especialmente miserable utilizar la confianza, los secretos, las vulnerabilidades o las experiencias íntimas compartidas para hacer daño después de una ruptura. Quien hace eso no está defendiendo su dignidad ni demostrando autoridad; está utilizando lo vivido como arma porque no sabe gestionar que ha perdido algo que deseaba conservar.

Desde #LaEscuelaDeBDSM, yo defiendo una cultura BDSM basada en el conocimiento, la responsabilidad, el consentimiento y el respeto, no en personajes que necesitan aparentar una fortaleza permanente para sentirse superiores. No pretendo vender una imagen idealizada de la Dominación ni alimentar la fantasía de que quien ocupa ese rol tiene todas las respuestas. Yo quiero que se entienda algo mucho más incómodo: puedes tener experiencia, conocer técnicas, asumir responsabilidades y disfrutar del poder consensuado, y aun así no saber gestionar una pérdida. Reconocerlo es el primer paso; trabajar en ello es responsabilidad tuya. Yo no voy a justificar abusos con el argumento de que alguien está sufriendo, ni voy a confundir el dolor con una licencia para destruir a otra persona. Si una ruptura te convierte en alguien que necesita hacer daño para soportar que le han dejado, el problema ya no es solamente el duelo: también es lo que estás dispuesto a hacer con él. Y eso, por mucho BDSM que haya existido, no pienso maquillarlo.

En #LaEscuelaDeBDSM, me enorgullece ofrecer un espacio de aprendizaje y reflexión completamente independiente. Mi labor no se financia mediante clases de pago ni cuento con patrocinadores que respalden mis actividades. La única fuente de apoyo económico proviene de la venta de los libros de la Saga MyA, el libro de Educación Sexual y el libro «BDSM, más allá del Placer», disponibles en sagamya.laescueladebdsm.com . Estos libros, escritos con dedicación y basados en experiencias reales, buscan educar, inspirar y entretener tanto a personas novicias como a quienes ya forman parte de la comunidad BDSM.

Cada ejemplar de la Saga MyA comprado incluye algo muy especial: una firma manuscrita y una dedicatoria personalizada de mi parte, reflejo de mi compromiso por mantener una conexión cercana y auténtica con quienes me apoyan. Al adquirir uno de estos libros, no solo estarás disfrutando de una historia envolvente, sino también apoyando una iniciativa educativa única que busca desmitificar el BDSM y promover una práctica ética y consensuada. Tu contribución es vital para que pueda seguir llevando adelante esta misión.

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AMO DIABLILLO

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Soy AMO con experiencia en BDSM. En este Blog se intentará enseñar todo lo relacionado con el BDSM, de la forma más correcta posible.

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